Esperar contra toda esperanza

07.03.2025

Tras la "Oración de amigas y amigos en el Señor", en la que el Centro Suárez ofreció un tiempo para disponer el corazón para el inicio de la Cuaresma, el pasado jueves 6 de marzo, continuando con las actividades propuestas para este tiempo litúrgico, hemos tenido la conferencia "Esperar contra toda esperanza" a cargo de Carlos Domínguez Morano, sj.

Inició su comunicación señalando las diferencias entre la ilusión, que Freud define como una especie de sueño despierto que sitúa el deseo al margen de la realidad con sus frustraciones y limitaciones y la esperanza. La pregunta no tardó en aparecer: ¿somos personas esperanzadas o ilusas? La espera, señalaba Carlos Domínguez, constituye una dimensión fundamental del ser humano que está orientado hacia el futuro con el deseo de seguir siendo y permanecer siendo uno mismo.

El papa Francisco, desde la esperanza cristiana, insiste en que la construcción de otro mundo es posible, pero, advierte, que la esperanza necesita confrontar con toda lucidez la realidad asumiendo la existencia del mal y del sufrimiento como partes constitutivas de la vida: "Cuanto más profunda es la desesperación más profunda es la esperanza" (…) la esperanza no es una virtud para personas con la panza llena".

Siguiendo con las distinciones señala que la virtud de la esperanza es diferente al optimismo: "el optimismo es una actitud psicológica que varía. La esperanza es la certeza de que saldremos adelante". La esperanza, por tanto, no es un pronóstico sino una orientación para el espíritu que hunde sus raíces en la trascendencia.

Esperar en tiempos recios... Parafraseando a la santa de Ávila afirma que la esperanza es una virtud y un don para vivir en la realidad y ésta, desafortunadamente, no está pasando por su momento más saludable. Estas son algunas de las señales de la realidad actual que hacen que los tiempos seas recios para la esperanza:

  • Se impone la ley del más fuerte. La razón la tiene el que ostenta el poder y éste es capaz de justificar decisiones y actuaciones "obscenas".
  • El relato se impone a la verdad haciendo que la mentira sea rentable.
  • La xenofobia y el racismo avanzan en la sociedad y no poco políticos la "compran" para obtener réditos electorales.
  • La política se apunta a la dinámica de la imposición de la ley del mercado como el actor principal que rige las relaciones sociales.
  • La situación de deterioro de la salud del planeta a la que se le suman los estragos causados por los corrientes negacionistas.

Todos estos factores amenazan con el fantasma de la III Guerra Mundial que el Papa Francisco no ha dudado en afirmar que ya se está dando "a pedazos" por la enemistad instalada y la ausencia de fraternidad.

En el entorno eclesial también se viven tiempos recios, en especial por el acusado clericalismo que tiene en los abusos sexuales, de poder y de conciencia una de sus más dolorosas manifestaciones.

Un viaje hacia el interior… La esperanza, como la hija de la fe, aquella que más allá de la adhesión a un cuerpo doctrinal se verifica en la experiencia de sentirse sostenidos, cuidados y vinculados al Dios del amor. La esperanza cristiana está arraigada en Jesús y, de manera especial, en el Misterio de la Cruz y la Resurrección. El Crucificado nos hace experimentar el consuelo en el sufrimiento y, desde ahí, nos abre al gozo que esperamos vivir en plenitud en el Resucitado. Sólo desde la aceptación de la muerte podremos vivir una vida auténticamente plena y humana.

Desafíos para la esperanza… La mayor dificultad para vivir la esperanza es el virus del individualismo pues la esperanza auténtica es siempre colectiva y comunitaria. Otro desafío es alguna de las tendencias de la psicología positiva que promueve un estado de felicidad a toda costa obviando la realidad del dolor y exaltando la autoestima y el narcisismo. El culto a la positividad aísla a las personas del sufrimiento ajeno pues lo que importa realmente es propia felicidad. La esperanza, por el contrario, no aísla, vincula a las personas en el "todavía no" haciéndose cargo de la realidad, del más acá.

La teología señala que el proyecto del Reino de Dios es una realidad histórica que se ha de construir aquí, en la realidad. La esperanza anima a seguir luchando y a no tirar la toalla nunca, como afirma el Papa Francisco: Otro mundo es posible y la esperanza es una llamada a transformar. El mundo es el ancla y la vela del barco en medio de la tormenta…, nos da la firmeza del ancla y también el viento del Espíritu Santo para llegar a la orilla.

La última alusión es a la belleza como un camino hacia Dios. El arte es la magia que nos libera de lo que tenemos delante, de la verdad que nos transporta más allá de los sentidos, de lo que captamos, e impulsa a la trascendencia. El placer estético cabe en la categoría de la consolación espiritual porque suscita experiencia de Dios, de unión íntima con Él. El arte es por esencia religioso, es epifanía de lo sagrado. La desdicha y la belleza, por tanto, son las dos puntas de lanza con las que conectamos con Dios. Termina su intervención citando estas bellas palabras de Juan Ramón Jiménez: "Lo que vos queráis Señor, lo que vos queráis".